FORMACIÓN

Queridos Hermanos, os damos la bienvenida al apartado que nos ofrece nuestro blog para poder realizar durante todo el año una formación online para nuestros hermanos. Será el diputado de formación, N. H. D. Luis Ortega Carranza el encargado de manteneros informados de todo lo relacionado con el ámbito formativo, talleres dentro de la hermandad y boletín de nuestra corporación. 

El correo electrónico de la diputación de formación es: (formaciónsoledadalgaba@gmail.com ). 

Desde la Diputación se publica de forma mensual o bimensual el Boletín Digital "El Muñidor" donde en este enlace podréis leerlos de forma online: http://virgendelasoledadalgaba.blogspot.com.es/p/el-munidor.html

Gracias a todos y estoy a disposición de los hermanos.


PAZ Y BIEN



ARTÍCULOS FORMATIVOS

6. REZO MENSUAL POR LAS VOCACIONES SACERDOTALES DE SEVILLA.
Queridos Hermanos, nuestra hermandad se ha inscrito en una red de oración por las Vocaciones Sacerdotales organizadas por el Seminario de Sevilla y desde la Delegación Diocesana de Pastoral Vocaciones. Pedimos recéis esta oración.
En este mes, todos pediremos al Señor por las vocaciones sacerdotales a través de esta oración de san Juan Pablo II:
"Oh María,
Madre de Jesucristo y Madre de los sacerdotes:
acepta este título con el que hoy te honramos
para exaltar tu maternidad
y contemplar contigo
el Sacerdocio de tu Hijo unigénito y de tus hijos,
oh Santa Madre de Dios.Madre de Cristo,
que al Mesías Sacerdote diste un cuerpo de carne
por la unción del Espíritu Santo
para salvar a los pobres y contritos de corazón:
custodia en tu seno y en la Iglesia a los sacerdotes,
oh Madre del Salvador.Madre de la fe,
que acompañaste al templo al Hijo del hombre,
en cumplimiento de las promesas
hechas a nuestros Padres:
presenta a Dios Padre, para su gloria,
a los sacerdotes de tu Hijo,
oh Arca de la Alianza.Madre de la Iglesia,
que con los discípulos en el Cenáculo
implorabas el Espíritu
para el nuevo Pueblo y sus Pastores:
alcanza para el orden de los presbíteros
la plenitud de los dones,

oh Reina de los Apóstoles."

5. SAN FRANCISCO DE ASÍS


Hermandad Franciscana que rinde culto en honor de la orden franciscana desde 1995 en la villa de La Algaba. Celebra hoy en el seno de su sede canónica y hermandad propia la festividad por San Francisco de Asis.
San Francisco de Asis fue religioso y místico italiano, fundador de la orden franciscana. Casi sin proponérselo lideró un movimiento de renovación cristiana que, centrado en el amor a Dios, la pobreza y la alegre fraternidad, tuvo un inmenso eco entre las clases populares e hizo de él una veneradísima personalidad en la Edad Media. La sencillez y humildad del pobrecito de Asís, sin embargo, acabó trascendiendo su época para erigirse en un modelo atemporal, y su figura es valorada, más allá incluso de las propias creencias, como una de las más altas manifestaciones de la espiritualidad cristiana.
San Francisco fue un santo que vivió tiempos difíciles de la Iglesia y la ayudó mucho. Renunció a su herencia dándole más importancia en su vida a los bienes espirituales que a los materiales.
Francisco nació en Asís, Italia en 1181 ó 1182. Su padre era comerciante y su madre pertenecía a una familia noble. Tenían una situación económica muy desahogada. Su padre comerciaba mucho con Francia y cuando nació su hijo estaba fuera del país. Las gentes apodaron al niño “francesco” (el francés) aunque éste había recibido en su bautismo el nombre de “Juan”.
En su juventud no se interesó ni por los negocios de su padre ni por los estudios. Se dedicó a gozar de la vida sanamente, sin malas costumbres ni vicios. Gastaba mucho dinero pero siempre daba limosnas a los pobres. Le gustaban las románticas tradiciones caballerescas que propagaban los trovadores.
Cuando Francisco tenía como unos veinte años, hubo pleitos y discordia entre las ciudades de Perugia y Asís. Francisco fue prisionero un año y lo soportó con alegría. Cuando recobró la libertad cayó gravemente enfermo. La enfermedad fortaleció y maduró su espíritu. Cuando se recuperó, decidió ir a combatir en el ejército. Se compró una costosa armadura y un manto que regaló a un caballero mal vestido y pobre. Dejó de combatir y volvió a su antigua vida pero sin tomarla tan a la ligera. Se dedicó a la oración y después de un tiempo tuvo la inspiración de vender todos sus bienes y comprar la perla preciosa de la que habla el Evangelio. Se dio cuenta que la batalla espiritual empieza por la mortificación y la victoria sobre los instintos. Un día se encontró con un leproso que le pedía una limosna y le dio un beso.
Visitaba y servía a los enfermos en los hospitales. Siempre, regalaba a los pobres sus vestidos, o el dinero que llevaba. Un día, una imagen de Jesucristo crucificado le habló y le pidió que reparara su Iglesia que estaba en ruinas. Decidió ir y vender su caballo y unas ropas de la tienda de su padre para tener dinero para arreglar la Iglesia de San Damián. Llegó ahí y le ofreció al padre su dinero y le pidió permiso para quedarse a vivir con él. El sacerdote le dijo que sí se podía quedar ahí, pero que no podía aceptar su dinero. El papá de San Francisco, al enterarse de lo sucedido, fue a la Iglesia de San Damián pero su hijo se escondió. Pasó algunos días en oración y ayuno. Regresó a su pueblo y estaba tan desfigurado y mal vestido que las gentes se burlaban de él como si fuese un loco. Su padre lo llevó a su casa y lo golpeó furiosamente, le puso grilletes en los pies y lo encerró en una habitación (Francisco tenía entonces 25 años). Su madre se encargó de ponerle en libertad y él se fue a San Damián. Su padre fue a buscarlo ahí y lo golpeó y le dijo que volviera a su casa o que renunciara a su herencia y le pagara el precio de los vestidos que había vendido de su tienda. San Francisco no tuvo problema en renunciar a la herencia y del dinero de los vestidos pero dijo que pertenecía a Dios y a los pobres. Su padre le obligó a ir con el obispo de Asís quien le sugirió devolver el dinero y tener confianza en Dios. San Francisco devolvió en ese momento la ropa que traía puesta para dársela a su padre ya que a él le pertenecía. El padre se fue muy lastimado y el obispo regaló a San Francisco un viejo vestido de labrador que tenía al que San Francisco le puso una cruz con un trozo de tiza y se lo puso.
San Francisco partió buscando un lugar para establecerse. En un monasterio obtuvo limosna y trabajo como si fuera un mendigo. Unas personas le regalaron una túnica, un cinturón y unas sandalias que usó durante dos años.
Luego regresó a San Damián y fue a Asís para pedir limosna para reparar la Iglesia. Ahí soportó las burlas y el desprecio. Una vez hechas las reparaciones de San Damián hizo lo mismo con la antigua Iglesia de San Pedro. Después se trasladó a una capillita llamada Porciúncula, de los benedictinos, que estaba en una llanura cerca de Asís. Era un sitio muy tranquilo que gustó mucho a San Francisco. Al oir las palabras del Evangelio “...No lleven oro....ni dos túnicas, ni sandalias, ni báculo..”, regaló sus sandalias, su báculo y su cinturón y se quedó solamente con su túnica sujetada con un cordón. Comenzó a hablar a sus oyentes acerca de la penitencia. Sus palabras llegaban a los corazones de sus oyentes. Al saludar a alguien, le decía “La paz del Señor sea contigo”. Dios le había concedido ya el don de profecía y el don de milagros.
San Francisco tuvo muchos seguidores y algunos querían hacerse discípulos suyos. Su primer discípulo fue Bernardo de Quintavalle que era un rico comerciante de Asís que vendió todo lo que tenía para darlo a los pobres. Su segundo discípulo fue Pedro de Cattaneo. San Francisco les concedió hábitos a los dos en abril de 1209.
Cuando ya eran doce discípulos, San Francisco redactó una regla breve e informal que eran principalmente consejos evangélicos para alcanzar la perfección. Después de varios años se autorizó por el Papa Inocencio III la regla y les dio por misión predicar la penitencia.
San Francisco y sus compañeros se trasladaron a una cabaña que luego tuvieron que desalojar. En 1212, el abad regaló a San Francisco la capilla de Porciúncula con la condición de que la conservase siempre como la iglesia principal de la nueva orden. Él la aceptó pero sólo prestada sabiendo que pertenecía a los benedictinos. Alrededor de la Porciúncula construyeron cabañas muy sencillas. La pobreza era el fundamento de su orden. San Francisco sólo llegó a recibir el diaconado porque se consideraba indigno del sacerdocio. Los primeros años de la orden fueron un período de entrenamiento en la pobreza y en la caridad fraterna. Los frailes trabajaban en sus oficios y en los campos vecinos para ganarse el pan de cada día. Cuando no había trabajo suficiente, solían pedir limosna de puerta en puerta. El fundador les había prohibido aceptar dinero. Se distinguían por su gran capacidad de servicio a los demás, especialmente a los leprosos a quienes llamaban “hermanos cristianos”. Debían siempre obedecer al obispo del lugar donde se encontraran.
San Francisco contribuyó mucho a la renovación de la Iglesia de la decadencia y el desorden en que había caído durante la Edad Media. El ayudó a la Iglesia que vivía momentos difíciles.
PAZ Y BIEN


4. ¿PORQUE LA VIRGEN ES REINA Y SE CELEBRA SU REALEZA?



La razón por la que la Santísima Virgen María es Reina se fundamenta teológicamente en su divina Maternidad y en su función de ser Corredentora del género humano.

a) Por su divina Maternidad: Es el fundamento principal, pues la eleva a un grado altísimo de intimidad con el Padre celestial y la une a su divino Hijo, que es Rey universal por derecho propio.

En la Sagrada Escritura se dice del Hijo que la Virgen concebi­rá: "Hijo del Altísimo será llamado Y a El le dará el Señor Dios el trono de David su padre y en la casa de Jacob reinará eter­namente y su reinado no
tendrá fin" (Lc. 1,32-33). Y a María se le llama "Madre del Señor" (Lc. 1,43); de donde fácilmente se deduce que Ella es también Reina, pues engendró un Hijo que era Rey y Señor de todas las cosas. Así, con razón, pudo escribir San Juan Damasceno: "Verdaderamente fue Señora de to­das las criaturas cuando fue Madre del Creador" (cit. en la Enc. Ad coeli Reginam, de Pío XII, 11-X-1954).
b) Por ser Corredentora del género humano: La Virgen María, por voluntad expresa de Dios, tuvo parte excelentísi­ma en la obra de nuestra Redención. Por ello, puede afir­marse que el género humano sujeto a la muerte por causa de una virgen (Eva), se salva también por medio de una Virgen (María). En consecuencia, así como Cristo es Rey por título de conquista, al precio de su Sangre, también María es Reina al precio de su Compasión dolorosa junto a la Cruz.
`Ta Beatísima María debe ser llamada Reina, no sólo por ra­zón de su Maternidad divina, sino también porque cooperó íntimamente a nuestra salvación. Así como Cristo, nuevo Adán, es Rey nuestro no sólo por ser Hijo de Dios sino tam­bién nuestro Redentor, con cierta analogía, se puede afirmar que María es Reina, no sólo por ser Madre de Dios sino tam­bién, como nueva Eva, porque fue asociada al nuevo Adán" .
PAZ Y BIEN
La imagen puede contener: una o varias personas, boda y exterior


3. FESTIVIDAD DE SANTA MARÍA MAGDALENA


Santa María Magdalena es una de las discípulas más fieles y que el Señor escogió para ser testigo de su resurrección ante los apóstoles, asimismo es ejemplo para toda mujer de la Iglesia y de auténtica evangelizadora, es decir, de una evangelizadora que anuncia el mensaje gozoso central de la Pascua.
El 10 de junio del 2016 el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el Vaticano, emitió un decreto en el que, siguiendo la voluntad del Papa Francisco, se estableció que la memoria litúrgica de Santa María Magdalena se eleve al rango de fiesta.


En referencia a ella, Benedicto XVI expresó en el 2006 que “la historia de María de Magdala recuerda a todos una verdad fundamental: discípulo de Cristo es quien, en la experiencia de la debilidad humana, ha tenido la humildad de pedirle ayuda, ha sido curado por él, y le ha seguido de cerca, convirtiéndose en testigo de la potencia de su amor misericordioso, que es más fuerte que el pecado y la muerte”.

En los Evangelios se habla de María Magdalena, la pecadora (Lc. 7, 37-50); María Magdalena, una de las mujeres que seguían al Señor (Jn. 20, 10-18) y María de Betania, la hermana de Lázaro (Lc. 10, 38-42).

La liturgia romana identifica a las tres mujeres con el nombre de María Magdalena, como lo hace la antigua tradición occidental desde la época de San Gregorio Magno.

María Magdalena siguió a Jesús hasta el Calvario y estuvo ante el cuerpo yacente del Señor. El domingo de Resurrección fue la primera que vio a Cristo resucitado y tuvo el honor de ser enviada por el Señor a anunciar esta buena noticia a los discípulos.
Oración
Señor, Dios nuestro, Cristo, tu unigénito, confió, antes que a nadie, a María Magdalena la misión de anunciar a los suyos la alegría pascual; concédenos a nosotros, por la intercesión y el ejemplo de aquella cuya fiesta celebramos, anunciar siempre a Cristo resucitado y verle un día glorioso en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.


2. ORÍGENES DE NUESTRA HERMANDAD.

El origen de la Hermandad no está documentado, aunque se piensa que debió fundarse en la segunda mitad del siglo XVI, a semejanza de otras muchas que comenzaban su andadura en Sevilla o pueblos próximos, bien fundándose como hermandades de sangre, o transformándose de hermandades de luz en hermandades de sangre.
La Imagen que agrupa a los cofrades, es una Virgen de la Soledad, cuyo culto se relaciona de un modo totalmente legendario con la conquista del pueblo en 1247, por las tropas castellano-leonesas de Fernando III.
Según nos cuenta la leyenda al disponerse a matar un soldado castellano a una madre y su hijo, afectado de tercianas, cristianos pero habitantes de La Algaba, se le aparece, sobre la higuera a cuya sombra se cobijaba, la Virgen de la Soledad con su Hijo muerto en el regazo. Ante esta visión, el soldado desiste de su empeño y la madre e hijo quedan salvos.
A partir de este relato, siempre dentro de la tradición, y por supuesto sin pruebas escritas, empezaría en el pueblo la devoción a la Soledad de la Virgen.
No es hasta 1586 cuando encontramos los primeros documentos que hacen referencia a la Virgen de la Soledad y a una Hermandad que agrupa a sus devotos, se titula Hermandad del Espíritu Santo y Soledad de la Madre de Dios.
En dicho año mantiene un pleito con la Parroquia por haber cambiado su sede al Monasterio de Franciscanos Angelinos, que habían fundado recientemente los marqueses de la Villa.
Curiosamente, la Hermandad agrupa a la mayoría de los habitantes moriscos de La Algaba, los cuales habían sido expulsados del Reino de Granada, después de la rebelión de Las Alpujarras. Proceden en su mayor parte de la zona de Vélez-Málaga: Cutar, Benamargosa, Benamocarra, Cómpeta,… El total de Hermanos ascendía a unos 80 y la Hermandad ya era de las de sangre, efectuando la procesión de disciplina en la tarde de Viernes Santo.
En la década de 1620 vuelve a la Parroquia por haber sido destruido el Convento en una de las múltiples riadas del río Guadalquivir y la ribera de Huelva.
En la primera mitad del siglo XVII la Hermandad incorpora la imagen del Señor Resucitado, que en la Iglesia del Convento Franciscano se hallaba en el mismo retablo que el resto de las imágenes, esto es, la Virgen de la Soledad y luego el Cristo Yacente A finales de este mismo siglo  debió incorporar a su titulación el Santo Entierro de Cristo, porque ya en los primeros años del siglo XVIII aparece así titulada y sin embargo perdió el fundacional del Espíritu Santo. Igualmente debió incorporar la imagen del Cristo Yacente y su correspondiente paso de salida.
En 1761 redacta nuevas Reglas para su gobierno, pues perdió las que tuvo en el siglo XVI. A finales de este mismo siglo comienza la costumbre de costear el entierro a los hermanos y a las hermanas, y que perduró hasta el primer tercio del siglo XIX. Al siglo de las luces corresponde también el disfrute de dos hazas de tierra que la Hermandad tuvo al pago del Tovar, se solían alquilar y el dinero se aplicaba a los gastos originados en las procesiones de la tarde del Viernes Santo y la tarde del Domingo de Resurrección
Continúa teniendo su sede en el Convento Franciscano, hasta 1856, en que se traslada a la Parroquia, excepto un breve paréntesis.
La vida de la Hermandad en el siglo XIX, que es ahora el que nos ocupa, se inicia con la francesada. No tenemos referencias directas de cómo le afectaría a la Hermandad la invasión francesa, aunque sí podemos deducirlo de un modo indirecto, ya que a partir de ese momento, se extinguen casi por completo los entierros que la Hermandad costeaba a los hermanos, los cuales son relativamente frecuentes en el último tercio del siglo precedente. Las funciones del Descendimiento y la Resurrección, así como la salida procesional de la tarde del Viernes Santo, pasan a ser costeadas por D. Pedro López de Valladares, Mayordomo de la fábrica parroquial.
Todo ello nos viene a indicar que la principal fuente  de ingresos de la Hermandad, la cuota anual que pagan los Hermanos ha debido quedar reducida a la nada, ya que solo una persona se hace cargo de los principales gastos de la Hermandad.
En la Parroquia se instala en un retablo bajo la tribuna del órgano, donde más tarde, en torno a 1947 construye su capilla e instala el mismo retablo. Desde allí continúa efectuando sus dos salidas procesionales, en la tarde del Viernes Santo y el Domingo de Resurrección, y sus correspondientes cultos.






1. ¿QUIÉN SOSTIENE LA HERMANDAD?

Si se pregunta quiénes son los responsables de sacar adelante una Hermandad rápidamente se piensa en  el Hermano Mayor y su Junta de Gobierno. Sin duda es así. Son ellos, con el concurso de los auxiliares, quienes dedican tiempo y atención para que la Hermandad funcione, se atienda a los hermanos, se cobren las cuotas, se organicen los cultos, se lleve a cabo el plan de formación, se prepare la cofradía,  el patrimonio esté siempre en perfecto estado y desde la Comisión de Caridad se atiendan las necesidades que se presenten. Es a ellos a quienes corresponde el mantenimiento y  el desarrollo de la Hermandad.
Pero una Hermandad no sale adelante sólo con el generoso esfuerzo de su Junta de Gobierno. De poco serviría su trabajo si no estuviera sostenido por la oración de otras muchas personas, hermanas o no.Cada hermandad tiene un tesoro grande en los hermanos y hermanas ya mayores, que apenas salen de casa y se pasan las tardes rezando el Rosario ante una fotografía o estampa de los titulares de su Hermandad. Las mismas imágenes que atendieron sus peticiones adolescentes; las preocupaciones por los primeros hijos;  problemas laborales; de salud; la oración por el alma de sus padres y hoy, por fin, la oración serena y confiada de quienes, desde su vejez asumida,  van perfilando una perspectiva de esperanza.
Esos hermanos veteranos,  que vienen aguantando la embestida de las propias fragilidades más allá de los años, tienen su cometido en las hermandades y en la sociedad. Su oración es necesaria para la Hermandad en su conjunto.  Lo explicaba el Papa Francisco: “Una civilización donde no se reza es una civilización donde la vejez no tiene sentido y esto es aterrador. Nosotros necesitamos ante todo ancianos  que recen, porque la vejez se nos dio para esto. La oración de los ancianos es algo hermoso” (Francisco: 11.03.2015).
Y no sólo los ancianos.  Conozco alguna Junta sostenida por la oración de conventos de clausura, a los que el Hermano Mayor acudió solicitando su colaboración. También por personas que ofrecen las molestias asociadas a su enfermedad por las intenciones y necesidades de su Hermandad, como en el Calvario, al pie de la Cruz, la Virgen reza asociando su dolor a la obra de la Redención.
En el día a día de la Hermandad es imprescindible una buena gestión de la Junta de Gobierno con su hermano mayor al  frente; pero la Hermandad no sale adelante sólo con decisiones más o menos brillantes o eficaces, sino con la oración callada y constante de quienes desde su casa, la serenidad del convento, o la cama del hospital van labrando los sillares sobre los que se ha de apoyar realmente la Hermandad.