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31 de octubre de 2014

Fieles Difuntos


 Nil certius morte, nil incertius momento morti”
 Nada hay más cierto que la muerte, ni nada más incierto que el momento de morir. Con este prefacio queremos abrir el día en el que los cristianos celebramos primero, a todos los santos, a todas aquellas personas bondadosas, a aquellas personas de Dios, que dieron por medio de su labor, del ejemplo constante y callado, toda su vida en bien del prójimo, del desfavorecido. Santos anónimos la mayoría de ellos que cumplieron los mandamientos de Dios, y que quizá vivan junto a nosotros pero que los ojos de corruptos de la envidia, del egoísmo, de los prejuicios, de la maldad... no nos dejen ver la caridad y el amor de nuestro hermano. Y luego el día de todos los fieles difuntos, día en el que oramos por tantos y tantos que transitamos este mundo y que ya partieron a la Casa del Padre.

  Para el cristiano, si bien estas fechas puedan ser entristecedoras por el recuerdo, la añoranza, la nostalgia de otros momentos de mayor felicidad y bienestar nos turban, no ha de ser así pues la vida terrena no es más que el camino preparatorio, la senda por donde el alma incorruptible, trasmigra de este mundo al otro, purificada con los dones de la palabra divina, de los Evangelios y sus Mandamientos.
Cristo quiere que estemos preparados con el corazón abierto por entero a los designios del Padre, para que cuando Él reclame de nuestra presencia, estemos listos y preparados y que no nos coja por sorpresa y en pecado.

            Gozar de su presencia conlleva una constante de vida dedicada al bien, al cumplimiento de los sacramentos, de los mandamientos y las bienaventuranzas, en fin, de amarnos, y de derramar de emanar amor en todo lo que hacemos y obramos.
 En estos días se hace más patente el recuerdo del amor y el cariño de cuantos nos han acompañado en este sendero de la vida, es por ello, que el lugar que dedicamos de nuestra tierra a campo santo, tierra sagrada donde reposan sus restos, acudamos a ofrecer el sacrifico eucarístico como ablación perenne en favor de su alma y de su eterno descanso.